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+Prospectiva

La imagen del futuro

En el siguiente artículo podrás ver donde nació esta iniciativa de repensar un futuro que puede ser modificable todo el tiempo y que grandes lideres lograron adecuarlo a sus filosofias de vida para magnificar los resultados.

“El auge y caída de imágenes preceden o acompañan el auge y caída de las culturas. Mientras la imagen de la sociedad es positiva y floreciente, la flor de la cultura está en su madurez. Una vez que la imagen decae y pierde su vitalidad, en cambio, la cultura no sobrevive más[1].

(The Image of the Future, Fred Polak, 1961)

Muchos pretenden que nuestro atraso económico deriva de nuestra mentalidad. ¿De ser cierto esto porqué no intentar cambiarla? Y ya que nuestros pensamientos en vigilia suelen ser opacos, cuando no francamente pesimistas, ¿porqué no cambiamos, al menos, nuestros sueños? Los invito simplemente, y sin amarras racionalistas, a soñar en un futuro mejor para nuestros pueblos.

Esperanza


El día en que dejemos de soñar con un futuro mejor para nuestro continente ya no tendrá sentido vivir aquí. Mejor sería entonces desaparecer de este mundo, o hacer un paquete con nuestras pertenencias y buscar un mejor destino en otras tierras. Por fortuna, nuestras gentes no han perdido la esperanza, y todos quienes vivimos en el mundo Hispano, independiente de nuestra posición social, y de nuestras ideas políticas y religiosas, todos por igual, soñamos con un futuro mejor para nuestros pueblos y para nuestros hijos y nietos. Ese sueño nos parece muy natural a tal punto que no nos damos cuenta de ello, hasta que no comparamos nuestra actitud con las de las gentes de otras regiones del mundo.

En los países desarrollados, la gente en general no sueña con el futuro pues el porvenir es el hoy, las oportunidades y los goces están localizadas en el presente para su inmediato disfrute; es difícil atisbar un futuro mejor en un ambiente donde las cosas ya están bien. Por otra parte, en aquellas zonas del mundo donde el hambre, la miseria y la guerra asolan a toda la población el futuro también desaparece, pues la prioridad se centra en la supervivencia inmediata. Es sólo en aquellos países que tienen una tranquilidad relativa, y problemas todavía no resueltos, donde la gente comienza ha aspirar a más. De hecho, quienes hoy sueñan con el futuro son principalmente los asiáticos y los latinos.

Más ¿En qué soñamos? ¿En que basamos nuestra esperanza en el porvenir? De alguna forma desconocida, desde lo más profundo nuestro subconsciente aflora la esperanza de que nuestra actual forma de vida pueda mejorar. Intuitivamente sabemos que las masas de hombres de negocios angustiados, de profesionales mal pagados, de obreros explotados, de  vendedores ambulantes y de millares de mendigos que recorren nuestras calles y duermen en los bancos de nuestras plazas, tienen el potencial de una vida mejor, si solo dispusieran de mejores oportunidades. Si el hombre de negocios pudiera disponer de una mayor variedad de clientes, y de un financiamiento más seguro, estaría mucho más dispuesto a generar más empleo, a pagar mejor, y a disfrutar de esta vida, en vez de desgastarse en el interminable trabajo de obtener pequeños contratos abusivos para pagar la planilla al fin de mes. Si el profesional pudiera hacer el trabajo para el que fue realmente preparado podría ganar mucho más, y ser mucho más feliz que en su actual esfuerzo por mantenerse como administrador de una empresa ineficiente y desmotivadora. Si el ambulante y el mendigo pudieran obtener trabajos decentes se esforzarían y saldrían de la pobreza por su propio esfuerzo, recobrando de paso la dignidad que como seres humanos merecen.

¿Cómo no soñar con una vida mejor para nuestro mundo Hispano? ¿Cómo no esperar que el futuro remedie las carencias del presente? ¿Cómo no estar ciertos que el cambio lo podemos hacer por nosotros mismos, cuando sabemos que otros países dejaron atrás las angustias y las pobrezas mediante el trabajo? Todos nuestros sueños se resumen a lo siguiente: queremos que nuestro mundo sea desarrollado, aun cuando no tenemos muy claro el camino a seguir. Necesitamos que lnuestros sean países den oportunidades a todos. Que el anciano, la persona limitada y los enfermos reciban una pensión decente que les permita vivir una vida digna. Que el deportista de competición tenga los mejores gimnasios y entrenadores que le permitan llegar a la cumbre de su disciplina. Que el científico tenga una buena renta, los laboratorios adecuados, las becas y contactos necesarios para ponerlo efectivamente en la elite intelectual del globo. Que el músico clásico y también al popular, tengan la posibilidad de proyectar su arte al mundo. Que el obrero y el artesano, tengan la posibilidad de crear sus propias pequeñas empresas para exportar sus productos a toda la faz de la tierra. Que el profesional tenga la posibilidad de contribuir al progreso. Que el hombre de negocios tenga la posibilidad de llevar a cabo sus proyectos más ambiciosos con menor riesgo.

Necesitamos dejar de ser tierras de frustraciones. Entretanto tenemos el sueño.

El sueño es el primer paso que conduce la materialización de la idea. El sueño contiene en sí mismo una fuerza irresistible que nos mueve a través de todas las dificultades, hasta conseguir la realización de las metas. Lejos de ser una forma de escapismo, las “visiones de futuro” permiten al hombre sembrar en sus contemporáneos la semilla de un mundo mejor. Semillas que si caen en terreno fértil germinarán en magníficas obras.

Esto lo comprendieron todos quienes en el pasado lucharon por un futuro mejor para la humanidad. ¿Que otra cosa han sido los precursores del cambio sino vendedores de sueños? Es el caso de un Buda, de un Moisés, de un Jesús,  que sembraron en la Humanidad la idea de un mundo más justo para todas las personas; ideas que demoraron siglos en germinar pero que han tomado cuerpo no solo en el ámbito estrictamente religioso, sino que también en la conciencia por los derechos del Hombre que hoy existe en el mundo.


Muchos de los logros más increíbles fueron acometidas por soñadores inclaudicables: Colón, inspirado por un verso del segundo acto de la obra Medea de Séneca[2], sonó con llegar al Asia viajando al Occidente, conquistado de paso un Nuevo Mundo para España y la vieja Europa; Da Vinci soñando con volar como las aves, inspiró al Hombre por generaciones hasta que finalmente las alas le permitieron encumbrar el vuelo; Von Braun soñó con el viaje a la Luna y lo convirtió en realidad.

Cuantos sueños se ocultan tras los logros de hombres de éxito. Muchos de los millonarios de la industria y de las artes suelen confesar que su motivación está más allá del dinero, y que éste es solo consecuencia y no la causa del éxito. La meta siempre está por sobre el mero beneficio material, y se centra en la capacidad de hacer nuevas cosas. Por eso Walt Disney construye un imperio no solo para ganar dinero sino, por sobre todo, para realizar las mejores películas de dibujos animados del mundo. De igual modo, Henry Ford aspiraba poner el automóvil al alcance de todas las personas, cambiando de paso la sociedad, y Bill Gates sueña en convertir las utopías del futuro en realidades del presente.

Es fácil ver que detrás de la creatividad de Franklin y de Edison estaba una ilimitada curiosidad y la motivación imperiosa de cambiar el mundo. De igual modo, detrás de los trabajos de Newton y Einstein estaba la necesidad de conocer la realidad y la mente de Dios.

Incluso los dictadores sueñan, y es así como detrás de Napoleón estaba la ilusión de crear una nuevo Imperio Romano en Europa. Stalin soñaba con una Unión Soviética fuerte, industrial y moderna. Y el perverso Hitler soñaba con un imperio universal germánico, con capital en Berlin, ciudad que sería reconstruida de acuerdo al grandioso proyecto arquitectónico de su arquitecto oficial: Albert Speer. Entre los edificios proyectados por Hitler y Speer se encontraba la cúpula más grande del mundo, la que alcanzaría alturas asombrosas. Estos sueños de dictadores nos deben poner en alerta para usar nuestro espíritu crítico a la hora de juzgar las utopías, pues detrás de una visión magnífica puede ocultarse un demonio como el que inspiró a Hitler.

El poder de Imaginación Positiva


La Segunda Guerra mundial mató a las personas por millones, y convirtió en ruinas las ciudades de muchas naciones. Más al terminar el conflicto esas mismas naciones volvieron a levantarse para convertirse en las más desarrolladas del orbe. Las dos décadas que siguieron a la posguerra fueron tiempos de furiosa reconstrucción, y de fe basada en la esperanza de un mundo mejor. De esta época datan los "milagros" económicos alemán y japonés; naciones que supieron revertir su derrota y absoluta carencia de recursos para transformarse en líderes a nivel mundial.

Fue en Rotterdam, una de esas ciudades en ruinas por el bombardeo sistemático, propio de la Segunda Guerra Mundial, donde el sociólogo holandés Fred Polak trataba desesperadamente de comprender la locura que le rodeaba. Fruto de sus estudios fue su libro "La Imagen del Futuro", el cual explica en forma precisa por primera vez la fuerza que tienen los sueños para cambiar las realidades del presente. Polak piensa que el auge y caída de las imágenes del futuro acompañan el auge y la caída de las culturas.  El cree que ciertas imágenes actúan como verdaderas bombas de racimo en la conciencia colectiva, generando una serie de explosiones sucesivas. Cada detonación crea una grieta en el tiempo, una aguda discontinuidad, produciendo la visión de una posibilidad totalmente nueva para la cultura en donde estalla. La sociedad comienza entonces a movilizar sus energías en respuesta a tal visión. Polak estudió las imágenes del futuro de la Civilización Occidental, descubriendo que esas visiones positivas estuvieron detrás del desarrollo Griego, del Renacimiento, de la Reforma y de la Ilustración[3].

Milagros económicos, imágenes positivas, fe y confianza pueden parecer conceptos muy abstractos, o románticos, como para influir efectivamente en los cambios sociales y económicos de las naciones. Es poco práctico, dirían algunos, soñar en vez de trabajar ó invertir antes de hacer un cálculo de rentabilidad. Sin embargo, a un nivel profundo, la motivación de las personas es lo que consigue que las cosas se hagan. Sin motivación no se aprende ni se crea, cuando mucho se puede trabajar para subsistir, pero no para diseñar mundos nuevos. En cierto sentido, un verdadero triunfador digno de admiración es ese soñador capaz de materializar sus sueños, por muy extravagantes que parecieran en un principio.

Fe y confianza, afirma Alain Peyrefitte[4], son las bases morales de los milagros económicos. Fe en el futuro y confianza en los demás. Ahora bien, la fe se construye con sueños ambiciosos que nos motiven y exijan el esfuerzo para convertirlos en realidad. Entonces, y sólo entonces, ocurren los milagros.

Lo que necesitamos entonces, hoy más que nunca, es recuperar esa actitud casi religiosa de los fundadores de nuestros países. Necesitamos Fe y confianza en el futuro, por sobre toda otra consideración, y por sobre aquellos pequeños tropiezos a que nos vemos enfrentados. Necesitamos un horizonte de largo plazo para apreciar mejor que somos y donde podemos llegar.

El poder de la ciencia ficción


Se ha preguntado muchas veces cual debe ser el rol de la ciencia ficción hispana. Por supuesto que puede seguir una ruta universal, tal como lo ha hecho hasta ahora, incluyendo leyenda y tradiciones locales para enriquecer sus ambientes.

Sin embargo, esto limita el papel que podría tener nuestra ciencia ficción en la forja de un futuro mejor. La literatura en general, y la ciencia ficción en particular, tienen el poder de transmitir ideas y sueños a las personas. Se trata del mejor medio imaginable para transmitir la “imagen del futuro”. De ahí que la ciencia ficción debe tener un rol fundamental en la difusión de utopías positivas para nuestros países. Sueños de un mundo mejor, de una vida armónica y superior.

Si los sueños crean realmente el futuro, es deber del escritor el transmitir aquellos que permitan construir un mundo mejor. Sólo entonces la ciencia ficción no se habrá escrito en vano.


Fuente: http://anticipacion.blogspot.com.co/